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viernes, septiembre 18, 2020

Tras 6 meses en paro contra el acoso, alumnas de Economía de la UNAM logran sus demandas

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© Proporcionado por Animal Político

Cuando empezó el año, justo antes de que llegara a México la pandemia de COVID-19, la UNAM enfrentaba una tormenta de protestas contra el acoso sexual que habían llevado a paros temporales a más de 10 facultades, escuelas preparatorias, CCH o hasta planteles de otros estados. La última en tomar esta acción fue la Facultad de Economía, el 28 de febrero, pero las alumnas han resistido toda la contingencia sanitaria sin ceder hasta que se cumplieran sus demandas.

Seis meses después, están listas para entregar las instalaciones, de las que consideran que salen victoriosas: hay cumplimiento o compromisos de las autoridades escolares en 27 de los 32 puntos que plantearon en su pliego petitorio.

La colectiva Mujeres Organizadas de la Facultad de Economía (MOFE) concede a Animal Político una entrevista dentro del edificio en el que han permanecido atrincheradas, en medio de una UNAM vacía por las medidas sanitarias que cambiaron la totalidad de las clases al ámbito virtual. En el patio central hay carteles y pintas con los nombres de los profesores señalados por agresiones sexuales, unas tiendas de campaña en una orilla, sin destrozos ni basura, y una mesa con sillones alrededor de la que se reúnen a dialogar siete chicas con las caras tapadas para proteger su identidad.

Su mayor orgullo al momento de la entrevista es que les acaban de confirmar que el próximo semestre, que iniciará en línea el 21 de septiembre, ya no será profesor Luis Arizmendi, un hombre contra el que hay multitud de acusaciones de ser presuntamente líder de una secta político-sexual desde hace décadas, para la cual coopta a estudiantes tanto en la UNAM como en el Instituto Politécnico Nacional (IPN).

La salida de este profesor se suma a dos destituciones que hubo cuando empezó el movimiento de las mujeres, después de que durante años, se lamentan, las denuncias fueron ignoradas. Todavía les duele recordar el caso de Pedro Burrola, exsecretario de asuntos estudiantiles que acumuló cuatro denuncias por violación en 2018.

Una de las jóvenes presentes, a quien identificaremos como A., fue su víctima. Cuando una chica de Guadalajara hizo público en redes sociales que la había violado, pero las autoridades legales habían perdido su carpeta de investigación, A. y otras se animaron a contar que habían vivido la misma experiencia con él y lo denunciaron ante la Unidad para la Atención y Seguimiento de Denuncias de la Universidad (UNAD). Con la presión alrededor del caso, un día les informaron que Burrola había renunciado, pero entonces, como ya no tenía relación con la UNAM, no había nada que investigar ni sancionar.

Este año, la Facultad transparentó las cifras de denuncias por violencia de género recibidas: 42, de las que alrededor de 20 fueron desechadas, algunas sin mayor explicación, y otras 20 sí tuvieron sanción, pero encontraron casos en los que una acusación violación se castigó con tan solo 8 días de suspensión.

Cuando las mujeres organizadas hicieron su propio recuento a través de tendederos, publicaciones en redes sociales y un formulario de Google, juntaron 83 denuncias contra 56 hombres: 8 trabajadores, 24 alumnos y 24 profesores o profesores adjuntos, quienes acumulaban las quejas más graves y repetitivas—uno de ellos hasta con 10—.

Las jóvenes aseguran que para muchas, ir a estudiar a esa Facultad era soportar un clima de machismo, acoso y opresión constante. Con alrededor del 70% de estudiantes varones, dicen, muchas veces sus opiniones eran minimizadas y soportaban comentarios como que la Economía es para hombres. También vieron con asombro que mucha de la violencia machista está normalizada, incluso por las mujeres: B. cuenta que tuvo una profesora que esperó a que pasaran las dos semanas en las que se pueden hacer cambios de grupo para presentarles a su adjunto y entonces les advirtió que tenía cinco denuncias de abuso sexual, pero que ella no las creía, porque habían sido de sus exnovias.

Por todo eso fue que cuando explotó la ola feminista en la universidad decidieron hacer su propio paro y elaborar un pliego petitorio, y lanzarse a defenderlo hasta el final.

Logros feministas y resistencias de profesores

Las estudiantes están cansadas de la impunidad. Por eso, algunas de sus exigencias fueron para romperla, y fueron también las que más desgaste provocaron en las mesas de negociación que sostenían con el director Eduardo Vega y otros funcionarios universitarios.

El punto 9 de su pliego pedía que haya suspensión provisional de quien esté acusado de una agresión sexual grave a una alumna, por máximo tres meses, en lo que se investiga. Lograron que se aprobara, pero profesores, como el propio Arizmendi, con apoyo del Sindicato de Trabajadores de la UNAM, enviaron una carta al director exigiendo desconocer ese acuerdo, con el argumento de que eso violaría sus derechos laborales y hasta legales, al no respetar el principio de presunción de inocencia.

Otro compromiso que pidieron en el punto 15 fue la reapertura de investigaciones en casos graves que tuvieron sanciones mínimas, o en contra de acusados en el pasado que quieran volver a ser parte de la comunidad universitaria. Las chicas dicen que lo que pasó con Burrola no fue una excepción: que hay profesores que se van de año sabático cuando tienen acusaciones de violencia sexual, o son cambiados de plantel, o alumnos que se fueron sin titularse y regresan a terminar sus trámites como si nada hubiera pasado. Un mes duró esa negociación, pero al final lograron que la Facultad aceptara.

También tendrán su propia Unidad de Género para garantizar que a partir de ahora los procesos de denuncia se lleven correctamente, con garantías para la víctima y no protección para el victimario, ya que antes solo existía un área jurídica pero sin apoyo a las víctimas y que, acusan, no era independiente. La Unidad estará integrada por una abogada especialista en perspectiva de género, victimológica y feminista; una trabajadora social y una psicóloga, con las mismas características. Además se está trabajando un acuerdo con la Facultad de Medicina para que también las alumnas puedan tener acceso a servicios ginecológicos.

Otro punto importante para ellas, después del acoso que dicen haber sufrido cuando empezó el movimiento, es que les van a garantizar un espacio físico seguro que será exclusivo para mujeres, donde puedan organizarse y apoyarse.

Y sobre todo, las alumnas están convencidas de que más allá de las medidas formales, se inaugura una nueva etapa en esta Facultad, porque demostraron que ya no se van a dejar.

“Nosotras ya no vamos a ver a nuestros compañeros de clase como antes. Ya los vamos a ver con cada comentario machista que hicieron cuando tomamos la facultad, los vamos a reconocer por los mensajes que enviaron a un chat de WhatsApp. A los profesores también, por cada comunicado que sacaron para amenazarnos. Ya las cosas van a dar un giro, esperemos para bien, y esperemos que a nosotras nos afiance, nos comunique y nos junte”, afirma B.

Seis meses de paro físico, mientras había clases en línea

Las mujeres de Economía tomaron la Facultad el 28 de febrero y tan solo tres semanas después, se suspendieron las clases presenciales por la epidemia de COVID-19, así que como si no pasara nada en las instalaciones, las autoridades escolares organizaron clases en línea, por lo que pese a lo largo del paro, no se perdió el semestre.

Aun así, ellas decidieron mantenerse ahí físicamente. Vieron que otros planteles que llevaban más meses de lucha fueron dejando ese modo de protesta por la propia inseguridad que implicaba, como ocurrió en la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), que después de haber iniciado el paro el 4 de  noviembre de 2019, las alumnas entregaron las instalaciones el 14 de abril, cinco meses después, con la decepción de que sus demandas no estaban cumplidas.

En Economía fueron alrededor de 30 las que se mantuvieron hasta el final, provenientes de distintas generaciones y distintas colectivas, pero que terminaron perfectamente organizadas. Empezaron a rotarse en periodos de permanecer en la Facultad y luego ir a sus casas, para tratar de reducir el riesgo de contagiarse y contagiar a sus familias. A lo largo de los meses, el plantón se convirtió en su “segunda casa”, dicen.

Sufrieron distintas agresiones a lo largo del tiempo. De entrada, el primer fin de semana el director las desconoció como alumnas de la Facultad, a pesar, dicen, de que en diálogos previos habían hablado sin taparse la cara.

Otros estudiantes opositores crearon un grupo de WhatsApp donde supuestamente se iban a organizar para sacarlas. Metieron a tantas personas que al final a ellas les llegaron capturas de pantalla de todo lo dicho: amenazas de agarrarlas a golpes, comentarios misóginos, llenos de palabras altisonantes, humillantes, y con expresiones de superioridad masculina. Al final hubo mujeres externas a la organización que fueron a hacer una cadena de paz para impedirlo y el propio director reconoció como legítimo su movimiento.

Les tocó encontrar excremento humano en la puerta. Escuchar varias veces que alguien se había saltado al techo del edificio y estaba merodeando. Además de los comunicados de profesores atacándolas y rechazando los acuerdos que iban logrando con la dirección.

Pero también tuvieron momentos que las hacen soltar risas y palabras cariñosas, que se convirtieron en una experiencia para toda su vida, explican. Compartir sus historias, apoyarse a sobrellevar sus propios procesos de adquirir conciencia sobre todas las violencias que han vivido. Recibir donaciones de comida de gente que incluso les pide que no vayan a revelar que las ayudaron, pero las apoyan. Y mil recetas inventadas a partir de aquello que tenían para alimentarse aunque no combinara.

“Aquí fue como tener una segunda casa”, dice C. “Tenemos los cuidados, nos procuraron. El entorno, vivir entre mujeres, es distinto. Siento que hay mayor confianza, apertura, te sientes segura, te sientes acompañada. Y yo si noto la diferencia del principio a ahorita, esos tejidos, esa responsabilidad, esos cuidados cotidianos de quien cocina, quién lava, no nos peleamos, hacer algo es para todas. Y es algo que en otros espacios no se tiene”.

Cansadas pero satisfechas, las Mujeres Organizadas de la Facultad de Economía levantarán la toma de instalaciones que están seguras dejará un mejor panorama para las próximas generaciones de alumnas.

Con información de Animal Politico

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